Un hecho que generalmente pasa desapercibido es que cada año son más y más las obras que son liberadas de las “protecciones” que importan las leyes sobre propiedad intelectual, lo que significa que ellas pueden en el futuro ser distribuidas libremente por los medios que se estimen más pertinentes, tanto en su formato original (papel en el caso de los libros) o a través de un soporte digital.

Según la Convención de Berna, que regula a nivel internacional la protección de las obras literarias y artísticas, el lapso por el cual una obra queda protegida –en que requiere por tanto permiso para ser distribuida–, es de 50 años, contados desde la muerte del autor de la misma (artículo 7). No obstante, la misma Convención señala que los países podrán fijar plazos superiores de protección cuando lo estimen pertinente. Varios Estados han optado por este último camino, como España o Estados Unidos, que han establecido como período de protección 70 años, contados de la misma forma en que lo hace la Convención de Berna, esto es, desde la muerte del autor. Nos parece que este plazo de 70 años es el mayor que existe en la actualidad, y no conocemos ningún país que haya determinado uno superior.

De acuerdo con esto, durante el 2006, han quedado entonces liberadas al dominio público, todas las obras de autores muertos en 1956 (si nos rige el plazo general de 50 años, como ocurre acá en Chile) o las de aquellos fallecidos en 1936 (si nos rige el plazo mayor de 70 años, como en España).

Para evitar toda duda, es mejor tomar como referencia el plazo mayor de 70 años. En virtud de ello, durante el 2006 han sido “liberadas”, y pueden por tanto ser distribuidas legítimamente a través de internet, sin con ello violar ley alguna, entre otras, las obras de los siguientes autores:

  • Gilbert K. Chesterton
  • Federico García Lorca
  • Robert E. Howard
  • Gustave Kahn
  • Rudyard Kipling
  • Nikolai Ostrovski
  • Luigi Pirandello
  • Oswald Spengler
  • Miguel de Unamuno
  • Ramón María del Valle-Inclán

Si te gusta alguno de estos autores, ha llegado el tiempo de que te sientas libre de digitalizar sus obras y difundirlas de la forma en que mejor te parezca. Eso si, ten cuidado, porque lo que queda libre es la “obra original”, y no así sus traducciones o ediciones, las que mantendrán sus derechos de autor vigentes, pero sólo respecto de la traducción o de la edición en sí (una edición digital no es lo mismo que una edición en papel, por ejemplo, así que por ese lado casi no hay inconvenientes). Con las obras escritas en español no existe problema alguno, más allá de algunas pequeñas excepciones que hacen algunas leyes (v. gr. respecto de las obras difundidas póstumamente), a las que me referiré en un futuro mensaje.